TEA y TDAH
Comprender necesidades, potenciar recursos y acompañar a la familia.
Psicóloga General Sanitaria
Acompaño a niños, adolescentes y adultos en sus procesos emocionales, ofreciendo una atención cercana, profesional y adaptada a cada persona.
Atención psicológica online para infancia, adolescencia y adultez.

acompañamiento a tu medida
Cada proceso es diferente. La intervención se adapta a la edad, el contexto y las necesidades de cada persona.
Comprender necesidades, potenciar recursos y acompañar a la familia.
Favorecer el desarrollo emocional, cognitivo y social desde las primeras etapas.
Aprender a identificar, expresar y regular las emociones.
Encontrar herramientas para atravesar momentos de malestar y pérdida.
Fortalecer la relación contigo y reconocer tus recursos.
Crear rutinas realistas y estrategias que faciliten el aprendizaje.
Acompañar miedos, inseguridades y cambios desde un espacio seguro.
Trabajar vínculos, identidad, cambios vitales y bienestar emocional.

un poquito sobre mí
Soy Psicóloga General Sanitaria y acompaño a personas de diferentes edades en procesos relacionados con el bienestar emocional, la autoestima, la conducta, el duelo y las dificultades del día a día. Mi forma de trabajar parte de la escucha, la cercanía y el respeto por el ritmo de cada persona.
un proceso que se adapta a ti
Cada proceso terapéutico es diferente. La forma de trabajar se adapta a la edad, al motivo de consulta y a las necesidades de cada persona. Por eso, el acompañamiento no se desarrolla de la misma manera en la infancia, la adolescencia o la adultez, ni tampoco cuando se trabaja una dificultad emocional o una condición del neurodesarrollo.
Terapia en la adultez
En la terapia con adultos comenzamos conociendo el motivo de consulta y delimitando aquello que genera malestar. A partir de ahí, construimos una comprensión conjunta del problema y establecemos objetivos adaptados a las necesidades de cada persona.
En las primeras sesiones nos conocemos, aclaramos dudas y hablamos sobre el motivo de consulta. También comenzamos a delimitar qué dificultades están presentes y qué aspectos sería importante trabajar.
Exploramos cómo se ha desarrollado y se mantiene la dificultad, qué factores pueden estar influyendo y qué necesidades tiene la persona. A partir de esta comprensión, definimos conjuntamente los objetivos terapéuticos.
Comenzamos a trabajar mediante estrategias y herramientas adaptadas a la problemática, al contexto y al ritmo de la persona. La intervención puede incluir comprensión emocional, modificación de patrones, entrenamiento en habilidades o cambios en la manera de afrontar determinadas situaciones.
Revisamos los avances, consolidamos los recursos adquiridos y trabajamos cómo mantenerlos fuera de terapia. Cuando el proceso se encuentra más avanzado, se espacian las sesiones y se prepara la finalización o el seguimiento.
Un espacio propio
En la adolescencia es especialmente importante que la terapia se convierta en un espacio propio, seguro y libre de juicio. El proceso combina la construcción de una relación de confianza con la exploración de las dificultades emocionales, familiares, sociales o académicas.
Las primeras sesiones se orientan a conocernos, comprender qué necesita el adolescente y favorecer que pueda sentirse escuchado sin presión. Se explica también cómo funciona la confidencialidad y qué papel tendrá la familia en el proceso.
Exploramos las emociones, pensamientos, relaciones y situaciones que están generando malestar. El ritmo de esta exploración se adapta al grado de confianza y a la disposición del adolescente.
Los objetivos no se plantean únicamente desde la preocupación de los adultos. Se tiene en cuenta la perspectiva del adolescente para que pueda comprender el sentido del proceso y participar activamente en él.
Se trabajan estrategias concretas para afrontar las dificultades, regular las emociones, mejorar las relaciones o gestionar situaciones académicas y familiares. Cuando resulta necesario, se realizan sesiones con la familia o coordinación con otros profesionales, respetando el espacio terapéutico del adolescente.
Cercanía, juego y seguridad
En la infancia, antes de profundizar en el problema, es fundamental que el niño pueda sentirse tranquilo y seguro. El vínculo terapéutico se construye a través de la cercanía, el juego y el respeto por su ritmo.
Las primeras sesiones se centran en que el niño conozca el espacio, pueda relajarse, jugar y comprender que la terapia no es un castigo ni un lugar al que viene obligado a trabajar. Esta adaptación puede necesitar una o varias sesiones.
A través del juego, la conversación y las actividades compartidas se crea una relación de confianza. En algunos casos será posible comenzar pronto a hablar de la dificultad; en otros será necesario dedicar más tiempo a que el niño se sienta preparado.
Cuando existe suficiente confianza, comenzamos a conocer mejor qué le preocupa, cómo vive determinadas situaciones y qué factores pueden estar influyendo en su comportamiento o bienestar emocional.
Las sesiones suelen combinar un tiempo para hablar con otro dedicado al juego o a actividades adaptadas a su edad. El objetivo es trabajar las dificultades sin perder la sensación de que la terapia es un espacio seguro, cercano y ameno.
La intervención infantil puede incluir orientación a madres, padres o cuidadores, establecimiento de pautas y seguimiento de los cambios fuera de consulta. Cuando resulta necesario, también puede realizarse coordinación con el centro educativo.
TDAH, TEA y otras dificultades
Cuando el objetivo está relacionado con el neurodesarrollo, la intervención tiene un carácter más estructurado y específico. Aun así, la prioridad inicial sigue siendo que el niño se sienta tranquilo, comprendido y seguro dentro de la sesión.
Durante las primeras sesiones se trabaja la relación terapéutica y la adaptación al espacio. Antes de exigir tareas o actividades, es importante que el niño pueda conocer la dinámica y sentirse cómodo con la profesional.
Se observa cómo responde ante distintas actividades y qué apoyos necesita. Los objetivos se adaptan a su perfil, su edad, sus capacidades y las dificultades presentes en su vida cotidiana.
Las actividades pueden dirigirse, según cada caso, a la atención, las funciones ejecutivas, la regulación emocional, la flexibilidad cognitiva, las habilidades sociales, la autonomía o la conducta. Los objetivos siempre se individualizan.
Para favorecer una experiencia positiva, las sesiones combinan las actividades terapéuticas con momentos de elección y juego. Al finalizar, el niño puede escoger actividades agradables e incluso, en ocasiones, traer propuestas propias.
El trabajo con la familia es una parte importante del proceso. Se ofrecen orientaciones para facilitar la generalización de los aprendizajes en casa y, cuando resulta conveniente, se mantiene coordinación con el centro educativo u otros profesionales.
Terapia en la adultez
En la terapia con adultos comenzamos conociendo el motivo de consulta y delimitando aquello que genera malestar. A partir de ahí, construimos una comprensión conjunta del problema y establecemos objetivos adaptados a las necesidades de cada persona.
En las primeras sesiones nos conocemos, aclaramos dudas y hablamos sobre el motivo de consulta. También comenzamos a delimitar qué dificultades están presentes y qué aspectos sería importante trabajar.
Exploramos cómo se ha desarrollado y se mantiene la dificultad, qué factores pueden estar influyendo y qué necesidades tiene la persona. A partir de esta comprensión, definimos conjuntamente los objetivos terapéuticos.
Comenzamos a trabajar mediante estrategias y herramientas adaptadas a la problemática, al contexto y al ritmo de la persona. La intervención puede incluir comprensión emocional, modificación de patrones, entrenamiento en habilidades o cambios en la manera de afrontar determinadas situaciones.
Revisamos los avances, consolidamos los recursos adquiridos y trabajamos cómo mantenerlos fuera de terapia. Cuando el proceso se encuentra más avanzado, se espacian las sesiones y se prepara la finalización o el seguimiento.
Un espacio propio
En la adolescencia es especialmente importante que la terapia se convierta en un espacio propio, seguro y libre de juicio. El proceso combina la construcción de una relación de confianza con la exploración de las dificultades emocionales, familiares, sociales o académicas.
Las primeras sesiones se orientan a conocernos, comprender qué necesita el adolescente y favorecer que pueda sentirse escuchado sin presión. Se explica también cómo funciona la confidencialidad y qué papel tendrá la familia en el proceso.
Exploramos las emociones, pensamientos, relaciones y situaciones que están generando malestar. El ritmo de esta exploración se adapta al grado de confianza y a la disposición del adolescente.
Los objetivos no se plantean únicamente desde la preocupación de los adultos. Se tiene en cuenta la perspectiva del adolescente para que pueda comprender el sentido del proceso y participar activamente en él.
Se trabajan estrategias concretas para afrontar las dificultades, regular las emociones, mejorar las relaciones o gestionar situaciones académicas y familiares. Cuando resulta necesario, se realizan sesiones con la familia o coordinación con otros profesionales, respetando el espacio terapéutico del adolescente.
Cercanía, juego y seguridad
En la infancia, antes de profundizar en el problema, es fundamental que el niño pueda sentirse tranquilo y seguro. El vínculo terapéutico se construye a través de la cercanía, el juego y el respeto por su ritmo.
Las primeras sesiones se centran en que el niño conozca el espacio, pueda relajarse, jugar y comprender que la terapia no es un castigo ni un lugar al que viene obligado a trabajar. Esta adaptación puede necesitar una o varias sesiones.
A través del juego, la conversación y las actividades compartidas se crea una relación de confianza. En algunos casos será posible comenzar pronto a hablar de la dificultad; en otros será necesario dedicar más tiempo a que el niño se sienta preparado.
Cuando existe suficiente confianza, comenzamos a conocer mejor qué le preocupa, cómo vive determinadas situaciones y qué factores pueden estar influyendo en su comportamiento o bienestar emocional.
Las sesiones suelen combinar un tiempo para hablar con otro dedicado al juego o a actividades adaptadas a su edad. El objetivo es trabajar las dificultades sin perder la sensación de que la terapia es un espacio seguro, cercano y ameno.
La intervención infantil puede incluir orientación a madres, padres o cuidadores, establecimiento de pautas y seguimiento de los cambios fuera de consulta. Cuando resulta necesario, también puede realizarse coordinación con el centro educativo.
TDAH, TEA y otras dificultades
Cuando el objetivo está relacionado con el neurodesarrollo, la intervención tiene un carácter más estructurado y específico. Aun así, la prioridad inicial sigue siendo que el niño se sienta tranquilo, comprendido y seguro dentro de la sesión.
Durante las primeras sesiones se trabaja la relación terapéutica y la adaptación al espacio. Antes de exigir tareas o actividades, es importante que el niño pueda conocer la dinámica y sentirse cómodo con la profesional.
Se observa cómo responde ante distintas actividades y qué apoyos necesita. Los objetivos se adaptan a su perfil, su edad, sus capacidades y las dificultades presentes en su vida cotidiana.
Las actividades pueden dirigirse, según cada caso, a la atención, las funciones ejecutivas, la regulación emocional, la flexibilidad cognitiva, las habilidades sociales, la autonomía o la conducta. Los objetivos siempre se individualizan.
Para favorecer una experiencia positiva, las sesiones combinan las actividades terapéuticas con momentos de elección y juego. Al finalizar, el niño puede escoger actividades agradables e incluso, en ocasiones, traer propuestas propias.
El trabajo con la familia es una parte importante del proceso. Se ofrecen orientaciones para facilitar la generalización de los aprendizajes en casa y, cuando resulta conveniente, se mantiene coordinación con el centro educativo u otros profesionales.
“No tienes que tener todas las respuestas para empezar. A veces, el primer paso consiste simplemente en encontrar un espacio seguro donde poder hablar.”
resolvemos tus dudas
Si tu pregunta no aparece aquí, puedes escribirme sin compromiso.
Cuando el malestar interfiere en tu día a día, tus vínculos o tu bienestar. No es necesario esperar a que la situación empeore para pedir ayuda.
Sí. El acompañamiento se adapta a la edad y, cuando es necesario, incluye orientación y coordinación con la familia.
Es un primer encuentro para conocernos, comprender el motivo de consulta y resolver dudas antes de definir los siguientes pasos.
Las sesiones se realizan en modalidad online.
La duración y frecuencia se acuerdan según las necesidades del proceso y se confirman antes de comenzar.
Puedes escribir por correo electrónico o completar el formulario de esta página.
el primer paso puede ser sencillo
Puedes escribirme para contarme brevemente qué necesitas o resolver cualquier duda antes de solicitar una cita.
Correo: sararealperez@gmail.comModalidad online · Sevilla, España.